Símbolo de la paz y la libertad con su música de trovador, el cantautor argentino Facundo Cabral
murió de la forma que menos merecía: asesinado a tiros por unos sicarios. Acababa de terminar
una gira en Guatemala y se dirigía ayer hacia el aeropuerto internacional de La Aurora, en el
sur de esta ciudad, cuando un grupo de desconocidos lo acribilló dentro de la furgoneta en la
que viajaba con el empresario guatemalteco Henry Fariña.
La noticia corrió como reguero de pólvora y sacó de la cama a todos desde las primeras horas
de un sábado normalmente dedicado al descanso. Las estaciones de radio interrumpieron su
programación para dar a conocer el suceso. Una población indignada no encontraba las palabras
adecuadas para calificar el atentado en contra de alguien a quien se consideraba “muy próximo”.
Expresiones como “damos una muestra de salvajismo al mundo”, “no se puede atentar así
contra un hombre que predicaba con el ejemplo sentimientos de paz y amor”, eran comunes
en las emisoras.
Cabral, de 74 años, había llenado el auditorio en su concierto en Xela, segunda ciudad más
importante del país, donde se había despedido de sus seguidores guatemaltecos porque su
estado de salud “era complicado” y tenía previsto retirarse a Argentina para ser tratado,
previo paso por Nicaragua para terminar su gira.
Pero quien mejor sintetiza el sentimiento de impotencia e indignación es Rigoberta Menchú,
embajadora de Buena Voluntad de la Unesco, título honorífico que compartía con Cabral,
su amigo de muchos años. Bañada en lágrimas y con voz entrecortada, Menchú declaró al
diario español El País que descartabas que se tratara de un asesinato común. “Es un crimen
planificado desde los niveles más altos de la ultraderecha fascistoide”, señaló, para subrayar
que “fueron a matarlo directamente”.
Para la premio Nobel de la Paz, los asesinos de Cabral tenían un plan y una estrategia
perfectamente diseñados. “Tenían una información detallada de sus movimientos”,
comentó Menchú, quien subrayó que más que el asesinato de una persona, “esta muerte
es un mensaje atemorizante para la izquierda latinoamericana y un golpe muy fuerte para
la presidenta Cristina Fernández, de Argentina, y para el mandatario guatemalteco, Álvaro Colom”.
Otro de los más afectados por la noticia fue el cantante Alberto Cortez, gran amigo de
Facundo y con quien compartió una gira de cuatro años llamada “Lo Cortez no quita
lo Cabral”.
“Ha sido un accidente dramático. Guatemala es un país que tiene varias bandas de
narcotraficantes importantes, que andan a balazos limpios, de pronto le tocó a él; se
equivocaron con el coche o vaya usted a saber qué pasó”, contó un desconcertado
Cortez desde Madrid, donde radica.
El hecho de que este asesinato haya ocurrido en plena época electoral —los
guatemaltecos están convocados a elecciones generales el 11 de septiembre—
da al atentado un tinte más oscuro, si cabe la expresión.
El Gobierno de Álvaro Colom se ha mostrado indignado con el suceso y el
mandatario ha ordenado una investigación exhaustiva. Como primer fruto de la
movilización policiaca, un coche de alta cilindrada fue encontrado abandonado en
una de las calles que conducen a la carretera hacia El Salvador. Las autoridades
sospechan que pudo haber sido uno de los vehículos utilizados por los sicarios, toda
vez que en su interior se encontró abundante munición para rifles de asalto AK-47.
Fuente:
http://www.vanguardia.com.mx/facundocabralcorrenlagrimasindignadas-1042917.html
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